Textos | A.Dughin | Guerra de los continentes | 1991 
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| | Archivio de EURASIA a cura di Martino Conserva
original text
Alexandr Duguin
LA GRAN GUERRA DE LOS
CONTINENTES
GEOPOLÍTICA Y FUERZAS
OCULTAS DE LA
HISTORIA
Las bases de la geopolíticaRecordemos
los principales postulados de la geopolítica, ciencia
que antes también recibía el nombre de "geografía
política", y cuyo desarrollo se debe principalmente a
los méritos del científico y político inglés sir Halford
McKinder (1861-1947). El propio término "geopolítica"
fue utilizado por vez primera por el sueco Rudolf
Kjellen (1864-1922) y más tarde extendido en Europa por
el alemán Karl Hausofer (1869-1946).
En cualquier caso,
McKinder sigue siendo el "padre de la geopolítica", cuyo
modelo básico siguió como punto de partida para todas
las demás investigaciones en este campo. El mérito de
McKinder consiste en que supo delimitar y comprender
determinadas leyes objetivas de la historia política,
geográfica y económica de la humanidad. Si bien el
término "geopolítica" es de aparición relativamente
reciente, la realidad a la que se refiere tiene una
historia milenaria.
La esencia de la doctrina geopolítica podría
reducirse a los siguientes principios. Dentro de la
historia planetaria existen dos visiones enfrentadas y
competidoras sobe la colonización de la superficie de la
Tierra: el enfoque "terrestre" y el enfoque "marítimo".
La elección de uno de ellos depende de la orientación
("terrestre" o "marítima") que siguen unos u otros
estados, pueblos o naciones. Su conciencia histórica, su
política interior u exterior, su psicología, su visión
del mundo se forman siguiendo unas reglas determinadas.
Teniendo en cuenta dicha particularidad, se puede hablar
perfectamente de una visión del mundo "terrestre",
"continental" o incluso "esteparia" (la "estepa" es
"tierra" en su estado puro ideal) y de una visión del
mundo "marítima", "insular", "oceánica" o "acuática".
Señalemos de paso que los primeros indicios de semejante
enfoque los encontramos en las obras de los eslavófilos
rusos Jomiakov y Kireévski.
Dentro de la Historia Antigua, Fenicia y Cartago,
fundado por la primera, desempeñaron el papel de la
potencia marítima, convirtiéndose en el símbolo de la
civilización marítima por excelencia. Roma desempeñaba
el papel del Imperio terrestre, opuesto a Cartago. Las
Guerras Púnicas son el ejemplo más claro de la oposición
entre la civilización marítima y la civilización
terrestre. Dentro de la Historia Moderna y
Contemporánea, Inglaterra, "Reina de los Mares", se
convirtió en el polo "insular" y "marítimo", y más tarde
lo fue la gigantesca isla-continente América. Al igual
que la antigua Fenicia, Inglaterra utilizaba el comercio
marítimo y la colonización de las regiones costeras como
arma de su dominio. El tipo geopolítico
fenicio-anglosajón dio lugar al específico modelo de
civilización comercial-capitalista de mercado, basado en
primer lugar en los intereses económicos y materiales y
en los principios del liberalismo económico. Es por ello
que, a pesar de las múltiples variantes históricas, el
tipo más genérico de la civilización marítima siempre
está relacionado con la primacía de la economía sobre la
política.
A diferencia del modelo fenicio, Roma representaba el
ejemplo de la estructura guerrero-autoritaria, basada en
el control administrativo y la religiosidad civil, en la
primacía de la política sobre la economía. Roma nos
ofrece el ejemplo de la colonización no marítima, sino
terrestre, puramente continental, acompañada de la
penetración profunda dentro del continente y la
asimilación de los pueblos conquistados, que una vez
sometidos automáticamente se convierten en "romanos".
Dentro de la Historia Moderna, la potencia terrestre fue
encarnada por el Imperio Ruso, y también por las
centroeuropeas e imperiales Austria-Hungría y Alemania.
Rusia, Alemania y Austria-Hungría fueron símbolos de
"tierra geopolítica" durante el periodo de la Historia
Moderna.
McKinder demostró con claridad que durante los
últimos siglos la orientación marítima significa el
"atlantismo", debido a que actualmente las potencias
"marítimas" por excelencia son Inglaterra y
Norteamérica, es decir, los países anglosajones. Al
atlantismo, que encarna la primacía del individualismo,
del liberalismo económico y de la democracia de tipo
protestante, se opone el "eurasismo", que necesariamente
conlleva la jerarquía y el predominio de los principios
comunitarios nacional-estatales sobre los intereses
puramente humanos, individualistas y económicos. Rusia y
Alemania, dos poderosísimas potencias continentales, son
las que en primer lugar poseen una orientación
marcadamente eurasiática. Sus intereses geopolíticos,
económicos y, lo que es más importante, ideológicos se
oponen por completo a los intereses de Inglaterra y
EEUU, es decir, a los intereses de los atlantistas.
La conspiración de los atlantistasSiendo
inglés y atlantista, McKinder indicó el peligro de la
consolidación eurasiática, instando desde finales del
XIX al gobierno inglés a realizar todos los esfuerzos
posibles para impedir una alianza eurasiática y sobre
todo la alianza Rusia-Alemania-Japón (McKinder veía en
Japón una potencia de ideología esencialmente
continental y eurasiática). A partir de McKinder se
puede hablar ya de la ideología claramente formulada y
detalladamente descrita del atlantismo consciente y
absolutizado, cuya doctrina se convierte en el
fundamento de la estrategia geopolítica anglosajona del
siglo XX.
Partiendo d este hecho, podemos calificar la esencia
de la labor de los agentes, del espionaje militar, del
lobbismo político orientados hacia Inglaterra y los EEUU
como la ideología atlantista, como la ideología de la
"Nueva Cartago", común para todos los "agentes de
influencia", para todas las organizaciones secretas y
ocultistas, para todas las logias y clubs
semi-reservados que servían y siguen sirviendo a la idea
anglosajona en el siglo XX, penetrando con su red todas
las potencias continentales eurasiáticas. Ello,
naturalmente, se refiere, en primer lugar, a los
servicios secretos inglés y americano (sobre todo a la
CIA), que no son simplemente los guardianes del
atlantismo, unidos por la profunda y milenaria
superideología de tipo "oceánico". El conjunto de todas
las redes de agentes de influencia anglosajones puede
calificarse como los "integrantes de la conspiración
atlantista", que defienden no solamente los intereses de
un país determinado, sino los de una específica doctrina
geopolítica (y a la postre metafísica), que representa
una visión del mundo extremadamente polifacética,
variada y amplia, pero esencialmente unitaria.
De modo que, sintetizando las ideas de McKinder,
podemos decir que existe la conspiración histórica de
los atlantistas, que siglo a siglo persigue los mismos
fines geopolíticos, orientados hacia los intereses de la
civilización marítima de tipo neofenicio. Es importante
destacar además que tanto los de "izquierda" como los de
"derecha", los "ateos" como los "creyentes", los
"patriotas" como los "cosmopolitas" pueden ser
atlantistas, porque la visión geopolítica del mundo está
más allá de cualquier diferencia particular y política.
Por lo tanto, estamos ante la más auténtica conspiración
oculta, cuyo sentido y significado metafísico a menudo
ignoran sus propios protagonistas directos e incluso sus
figuras clave.
La conspiración de los eurasiáticosLas
ideas de McKinder, que dejaron al descubierto
determinadas constantes históricas y políticas que
muchos ya adivinaban o presentían, también abrieron el
camino para una clara formulación de la doctrina
eurasiática opuesta al atlantismo. Los primeros
principios de la doctrina geopolítica eurasiática fueron
obra de los rusos blancos emigrados en Europa
Occidental, que se dieron a sí mismos el nombre de
"eurasiáticos" (el gran duque N. Trubetskoi, Savitski,
Florovski, etc.) y, sobre todo, por el célebre
geopolítico alemán Karl Haushofer. El hecho de que los
primeros eurasiáticos rusos tuviesen contactos con
Haushofer en la ciudad de Praga nos permite suponer que
los geopolíticos rusos y alemanes desarrollaban temas
parecidos en el mismo tiempo. Ellos insistían en la
necesidad de la alianza geopolítica eurasiática y en el
eje Alemania-Rusia-Japón como contrapartida a la
política atlantista que pretendía enfrentar a cualquier
precio Rusia a Alemania y Japón. Los eurasiáticos rusos
y el grupo de Haushofer desarrollaron determinados
principios de la visión continental del mundo,
eurasiática, alternativa a las ideas atlantistas de
McKinder. Se puede decir que ellos fueron los primeros
en expresar aquello que estaba detrás de toda la
historia política de Europa en el último milenio,
rastreando el camino seguido por la idea imperial
romana, que desde la antigua Roma pasó a Rusia a través
de Bizancio y a través del Sacro Imperio
Romano-Germánico a Austria-Hungría y Alemania. Los
eurasiáticos rusos analizaron profundamente la misión
imperial y altamente "terrestre" de Gengis-Khan y de los
mongoles, destacando el papel continental de los pueblos
turcos. A su vez, el grupo de Haushofer estudiaba al
Japón y la misión continental de los estados del Lejano
Oriente dentro de las perspectivas de una futura alianza
geopolítica.
De esta forma, y como respuesta al sincero
reconocimiento de McKinder, que reveló los secretos de
la estrategia atlantista planetaria, cuyas raíces se
esconden en la profundidad de los siglos, los
eurasiáticos rusos y alemanes descubrieron en los años
20 la lógica de la estrategia continental alternativa,
el secreto de la idea imperial terrestre, el relevo de
Roma, que invisiblemente inspiraba la política de las
potencias que poseían una visión del mundo idealista y
jerárquica, comunitaria y heroica, desde el Imperio de
Carlomagno hasta la Santa Alianza.
La idea eurasiática es igual de global que la
atlantista, y también tuvo múltiples "agentes secretos"
en todos los países y naciones. Todos aquellos que
trabajaron incansablemente para la alianza eurasiática,
que a lo largo de los siglos impidieron la propagación
en el continente de las ideas individualistas,
igualitarias y liberales (que en su conjunto reproducen
el espíritu típico fenicio de la supremacía de la
economía sobre la política), todos aquellos que
intentaron unir a los grandes pueblos eurasiáticos,
todos ellos fueron los "agentes eurasiáticos",
portadores de la doctrina geopolítica específica de los
"combatientes del continente", los "soldados de la
tierra".
La sociedad secreta eurasiática, la orden de los
eurasiáticos no comienza ni mucho menos con el
manifiesto "Éxodo hacia Oriente" ni con la "Revista de
Geopolítica" de Karl Haushofer. En este caso se trataba
más bien de la exteriorización y salida a la superficie
de determinados conocimientos que existían desde tiempos
inmemoriales junto con sus correspondientes "agentes de
influencia", lo mismo que en el caso de McKinder, cuya
pertenencia a misteriosas sociedades secretas está más
que probada históricamente.
La orden de Eurasia contra la orden del Atlántico
(Atlántida). La Roma eterna contra el eterno Cartago, la
Guerra Púnica inmemorial, la conspiración planetaria de
la Tierra contra el Mar, de la jerarquía y el idealismo
contra el igualitarismo y la materia.
¿Acaso las innumerables paradojas, contradicciones,
omisiones y virajes de nuestra historia no son más
comprensibles, más lógicas y razonables, si las
observamos desde la perspectiva del oculto dualismo
geopolítico? ¿Acaso no sería un gesto noble y agradecido
reconocer a todos los soldados caídos en los campos de
batalla del siglo XX como héroes de la gran guerra de
los continentes, y no como obedientes marionetas de los
cambiantes regímenes políticos, inestables y pasajeros,
causales y perecederos, absurdos hasta tal punto que
morir por ellos puede parecer estúpido y empequeñecedor?
Pero la cosa cambia si pensamos que los héroes caídos
servían a la Gran Tierra o al Gran Océano, más allá de
la demagogia política y de la propaganda histérica de
las ideologías de usar y tirar, si pensamos que, ante
los ojos de la milenaria historia del planeta, ellos
combatían por el gran objetivo metafísico.
¿"Sangre y Suelo" o "Sangre o Suelo"?El
célebre filósofo, pensador religioso y publicista ruso
Konstantín Leontiev anunció una máxima muy importante:
"Existen los eslavos, pero no el eslavismo". Una de sus
conclusiones geopolíticas fundamentales fue la oposición
entre la idea del "paneslavismo" y la idea "asiática".
Si analizamos atentamente esta oposición, descubriremos
el criterio tipológico general que nos permitirá
comprender mejor la estructura y la lógica de la guerra
geopolítica oculta de la orden de Eurasia contra la
orden del Atlántico.
A pesar de la ecléctica mezcolanza de términos en la
doctrina de "Sangre y Suelo" del campesinado
nacionalista, del doctor Walter Darré, a nivel de la
guerra oculta de las fuerzas geopolíticas en el mundo
actual, este problema se formula de otra forma, más
exactamente como "sangre o suelo". En otras palabras,
los proyectos tradicionalistas de conservación de la
identidad propia del pueblo, Estado o nación siempre se
encuentran ante el dilema: elegir como criterio
dominante la "unidad de la nación, raza o etnia, la
unidad de la sangre" o la "unidad del espacio
geográfico, la unidad de las fronteras". Lo más
dramático es además la necesidad de elegir o lo primero
o lo segundo, porque cualquier hipotético "y" seguirá
siendo tan solo una consigna utópica, que no resuelve el
problema sino que oscurece su significado. Konstantín
Leontiev, tradicionalista y rusófilo radical por sus
convicciones, planteó dicha cuestión con la máxima
claridad: "los rusos, o deben insistir en la unidad de
los eslavos, en el eslavismo ("sangre"), o deben
volverse hacia Oriente y concienciarse de la proximidad
geográfica y cultural de los rusos con respecto a los
pueblos orientales, relacionados con los territorios
rusos ("suelo")". En otros términos, este dilema podría
plantearse como el reconocimiento de la supremacía o
bien de la "raza" (nacionalismo) o bien de la
"geopolítica" ("estabilidad", "cultura"). El propio
Leontiev eligió el "suelo", el "territorio", la
particularidad de la cultura imperial, religiosa y
estatal rusa. Eligió el "orientalismo", el
"bizantinismo". Semejante elección suponía la prioridad
de los valores continentales eurasiáticos respecto a los
valores estrictamente nacionales y raciales. La lógica
de Leontiev llevaba de una manera natural a la necesidad
de una alianza ruso-alemana y sobre todo ruso-austríaca,
y al mantenimiento de la paz con Japón. Leontiev
rechazaba categóricamente el "eslavismo" o
"paneslavismo", por lo que provocó las iras de muchos
eslavófilos tardíos, que defendían la postura de "sangre
por encima del suelo". Leontiev no fue comprendido ni
escuchado. La historia del siglo XX demostró la suprema
importancia de los problemas por él planteados.
Paneslavismo versus eurasismoLa tesis de
"sangre por encima del suelo" (que en el contexto ruso
significaba "paneslavismo"), demostró su ambigüedad por
vez primera durante la I Guerra Mundial, cuando Rusia,
tras aliarse con los países de la Entente (Inglaterra,
Francia, Estados Unidos), con la intención de liberar a
los "hermanos eslavos" del poder de los turcos y los
alemanes, combatió a sus aliados geopolíticos naturales,
Alemania y Austria, y ella misma se convirtió en víctima
de la catástrofe revolucionaria y de la guerra civil. El
eslavismo de los rusos trabajó en la práctica a favor de
los atlantistas, de la Entente, de la civilización
neocartaginesa, del modelo anglosajón comercial,
colonialista e individualista. No es de extrañar que
entre los "patriotas eslavos" del séquito de Nicolás II
la mayoría eran colaboradores de los servicios secretos
británicos. Sería curioso recordar un episodio de la
novela del patriota ruso-alemán Krasnov, "Del águila
bicéfala a la bandera roja", donde en la Primera Guerra
Mundial al protagonista, el coronel Sablin, le
preguntan: "Díganos sinceramente quién cree que es
nuestro auténtico enemigo", a lo que Sablin contesta sin
tapujos: "Inglaterra", aunque este convencimiento no le
impide combatir con honestidad y valor contra Alemania.
El héroe de la novela de Krasnov es el ejemplo ideal del
patriota ruso-eurasiático, que representa la lógica del
"suelo por encima de la sangre", lógica que caracterizó
al conde Witte, al barón Ungern-Sternberg, a la
misteriosa organización "Baltikum", compuesta por
aristócratas rusos de origen alemán, que hasta el último
momento intentaron influir en la figura del zar.
Sorprende ver con qué valor y honestidad se comportaron
los asiáticos durante el período de 1917, junto con los
alemanes y otros "inorodsi" (súbditos) del Imperio ruso,
que sirvieron con fe y entrega al zar y al imperio, que
sirvieron a Eurasia, al "suelo", al "continente", en
contraste con muchos "eslavos", que huyeron de Rusia en
dirección a los países atlantistas, traicionado a su
patria y a la idea de la Roma Eterna.
Racismo y atlantismoEn Alemania, la
afirmación de la idea de la "sangre por encima del
suelo" trajo no menos catastróficas consecuencias. A
pesar de la opinión de los patriotas alemanes rusófilos
o eurasistas, como Arthur Moeller Van den Bruck, Karl
Haushofer, Ernst Niekisch, etc., que insistían en la
superioridad de la idea del "espacio vital" (hay que
decir que en la teoría original de Haushofer del
"espacio vital" no existía ningún indicio de
expansionismo antieslavo, identificándose posteriormente
dicho término con la eslavofobia de Hitler y otros
ideólogos, que no todos, del III Reich), de los
intereses continentales en su conjunto, de la idea del
"Bloque Continental", al final triunfó en las esferas
del poder del III Reich el lobby atlantista, que
explotaba las tesis racistas y que, so pretexto de que
los ingleses eran "arios" y formaban una etnia
emparentada con los alemanes, procuraba fijar la
atención de Hitler en el Este y detener (o aflojar) las
acciones bélicas contra Inglaterra. En este caso, el
"pangermanismo" (al igual que el "paneslavismo") sólo
favorecía a los atlantistas. Es perfectamente lógico
también que el almirante Canaris, espía inglés y traidor
al Reich, fuera el principal enemigo de Rusia.
El dilema de "sangre o suelo" es importante en tanto
que la elección de uno de esos términos permite
reconocer al "agente de influencia" de una u otra
ideología geopolítica, sobre todo cuando se trata del
bando de los "de derechas" o "nacionalistas". La esencia
de la conspiración geopolítica de los atlantistas (al
igual que la de los eurasiáticos) consiste en el hecho
de que abarca todo el espectro de las ideologías
políticas, pero los "agentes de influencia" siempre
dejan su huella específica. En el caso de la "derecha",
la característica del atlantismo potencial está
representada por la idea de la "sangre por encima del
suelo", que además permite desviar la atención hacia
criterios secundarios.
¿Quién espía a quién?Como ejemplo de la
influencia de la ideología geopolítica oculta sobre la
"izquierda" podríamos mencionar a los
nacional-bolcheviques eurasiáticos de Alemania (Ernst
Niekisch, Ernst Jünger, Karl Otto-Paetel,
Schulzen-Boysen, etc.). Sin duda, también había
nacional-bolcheviques entre los rusos, y no deja de ser
curioso que durante su exilio, el propio Lenin buscaba
acercamiento justamente con los políticos y financieros
alemanes, y muchas de sus tesis eran claramente
germanófilas. No queremos siquiera insinuar que Lenin
tuviese algo que ver con la orden eurasiática, pero es
indudable que sufrió su influencia en mayor o menor
medida. En cualquier caso, la oposición "Lenin, espía
alemán; Trotsky, espía americano" se corresponde con
cierto esquema tipológico. A nivel puramente
geopolítico, el gobierno de Lenin tuvo un carácter
eurasiático y a expensas de la doctrina marxista mantuvo
unidos los inmensos territorios del Imperio ruso.
Trotsky, en cambio, insistía en la necesidad de la
exportación de la revolución, en su "mundialización", y
veía a la Unión Soviética como algo transitorio y
efímero, una cabeza de puente para la expansión
ideológica, que debía desaparecer tras la victoria
planetaria del "comunismo mesiánico".
El propio "internacionalismo" leninista se
materializó más bien en una misión "imperial"
eurasiática, aunque evidentemente tal principio fue
deformado y pervertido por la influencia de varios
aspectos de la ideología comunista y, sobre todo, por la
actuación de los "agentes de influencia" del atlantismo
que actuaban desde el interior de la dirección
comunista.
Sumando todas estas consideraciones, se puede decir
que para los representantes de la orden eurasiática en
Rusia, el rasgo distintivo siempre fue la casi
obligatoria germanofilia, o cuando menos anglofobia. Y
viceversa, en Alemania los eurasiáticos tenían la
"obligación" de ser rusófilos. En cierta ocasión Moeller
Van den Bruck hizo una observación muy acertada: "Los
conservadores franceses siempre se inspiraron en el
ejemplo de Alemania, los conservadores alemanes en el
ejemplo de Rusia". Aquí se descubre toda la lógica del
trasfondo geopolítico, de la lucha oculta secular, de la
Gran Guerra de los Continentes.
¿Ha dicho usted G.R.U., Sr.
Parvulesco?El único de los conspirólogos
occidentales que siempre subraya el carácter geopolítico
de la conspiración mundial (mejor dicho, de las dos
conspiraciones geopolíticas mundiales) es el escritor,
poeta y metafísico francés Jean Parvulesco. A lo largo
de su dilatada y muy agitada vida, Parvulesco conoció a
muchos destacados personajes de la historia europea y
mundial, incluidos infinitud de masones, agentes
secretos, ideólogos, políticos y artistas (mantenía
amistad con Ezra Pound, Julius Evola, Arno Breker, Otto
Skorzeny, Raimond Abellio, etc.). Después de conocer el
carácter de nuestras investigaciones sobre
conspirologia, el señor Parvulesco puso a nuestra
disposición ciertos documentos semisecretos que nos
permitieron averiguar detalles importantes de la
conspiración geopolítica mundial. Especial interés
resultan ciertos documentos sobre las actividades de las
organizaciones secretas en Rusia.
El 24 de febrero de 1989, en Lausana, y ante los
miembros del más que misterioso "Instituto Atlantis de
Investigaciones Metaestratégicas", Parvulesco presentó
un informe titulado "La Galaxia del GRU: La misión
secreta de Mijail Gorbachov, la URSS y el futuro de
Eurasia". Allí se analizaba el papel oculto de los
servicios de inteligencia militar soviética (G.R.U.) y
su implicación en la conspiración eurasiática.
Parvulesco se basaba sobre todo en las revelaciones del
agente de contraespionaje francés y director del Centro
Europeo de Información, Pierre de Villamaestre.
El GRU contra la KGBEl modelo
conspirológico de Villamaestre es el siguiente: "La KGB
es una extensión del partido, el GRU es una extensión
del ejército. La KGB defiende al partido, el GRU
defiende al Estado. La KGB defiende el patriotismo al
servicio del comunismo, el GRU defiende el comunismo al
servicio del patriotismo". Basándose en esta oposición
entre el ejército y el partido de la URSS, Villamaestre
construye una historia argumentada del GRU desde la
Revolución de Octubre hasta la Perestroika. ¿De qué modo
están relacionados los dos servicios secretos rivales
con la conspiración geopolítica planetaria?
Según Parvulesco, la idea eurasiática fue activa en
Rusia sobre todo a principios del siglo XX. Sus
representantes fueron el médico Badmáev, de Petrogrado,
y el barón Ungern-Stenberg, ciertos consejeros suecos de
Rasputín que le enviaban telegramas firmados con el
pseudónimo de "Verde" y toda una serie de personajes
menos conocidos. Cabe también destacar el papel del
mariscal Mijail Tujachevski, según Parvulesco miembro de
la misteriosa orden de "Los Polares" entre 1916 y 1918 a
la cual, también según Parvulesco, pertenecían durante
la misma época Charles De Gaulle, Von Ludendorff y el
obispo Eugenio Paceli, futuro papa Pío XII.
Precisamente fue este grupo de místicos rusos blancos
quienes pasaron el relevo al régimen bolchevique,
agrupándose alrededor del ejército, donde los antiguos
oficiales zaristas encontraron lugar, con la intención
de cambiar la orientación primaria nihilista de los
primeros bolcheviques y crear una gran potencia
continental.
Este fue el tránsito de los eurasiáticos rusos antes
y después de la Revolución de Octubre. La misma creación
del Ejército Rojo sería obra de los eurasiáticos, y
sería curioso recordar que 27 días después de la
creación del Estado Mayor del Ejército Rojo, en el
frente oriental (el 18 de marzo de 1918), la plana del
Estado mayor fue atacada por sorpresa por una brigada de
la Cheka, matando a todos sus integrantes. Así se desató
en los primeros días del poder soviético una guerra
cruel entre los "eurasiáticos rojos" del Ejército y la
"Comisión Extraordinaria", la Ch.K., dirigida por el
antiguo anarquista Dzerzinski, guerra interior que no se
detuvo nunca. Para combatir a la Cheka, los eurasiáticos
crearon la División Especial del Ejército Rojo 44388, el
GRU, dirigido por Semion Ivanovich Aralov, antiguo
oficial zarista. Los miembros del GRU gozaron de una
inmunidad casi mística en todas las "purgas"
rigurosísimas que se sucedieron.
Explosiones y eclipses en el sol de
EurasiaPrecisamente fue Aralov quien impuso los
principios eurasiáticos de esta organización militar
secreta, agrupando a su alrededor a todos los
eurasiáticos que se pasaron a los rojos con intenciones
metapolíticas. Aralov publicó en 1960 un libro titulado
"Lenin estaba al lado", sobre la historia de la guardia
personal de Lenin, donde narra que ésta pertenecía en su
mayoría a la orientación geopolítica atlantista,
mientras que Lenin mismo se inclinaba por el eurasismo.
Precisamente fueron los más "cercanos compañeros" de
Lenin, y no el "ambicioso Stalin", quienes le apartaron
de la dirección del País. El final del gobierno de Lenin
marcó el paso del poder a los atlantista, observándose
inmediatamente una mejora de las relaciones con las
naciones anglosajonas y en primer lugar con los EEUU. En
esos tiempos el atlantista y chekista Berzin tomó el
control del GRU, introduciendo en el grupo especial
importantes cuadros de la Komitern y de los "fanáticos
comunistas" (es decir, atlantistas). Pero las
estructuras creadas por Aralov resistieron la presión, y
muchos militares de gran poder apoyaron a sus protegidos
contra la Cheka primero y luego contra el NKVD (más
tarde KGB).
Un detalle: todos los dirigentes del GRU que
sucedieron a Aralov antes de la Guerra Patriótica (la II
Guerra Mundial), provenientes de la Cheka, fueron
fusilados al término de la misma: Stigga, Nikonov,
Berzin, Unschlicht, Uritzskin, Ezhov y Proskurov, que,
aunque trabajaban para la orientación eurasiática, jamás
lograron penetrar en las estructuras del GRU ni
alteraron su orientación continental.
La destitución de Berzin en 1934 marcó una ruptura en
la guerra oculta tras los bastidores del poder
soviético, y la llegada de Hitler al poder reforzó
asombrosamente las posiciones del "lobby continental".
En 1934 el GRU comenzó a preparar al alianza estratégica
con la Alemania del III Reich, que culminaría con el
pacto Molotov-Ribbentrop. Stalin se mostró siempre
partidario de la orientación eurasiática, pensando que
las tendencias antiatlantistas del nacional-socialismo
desviarían la atención de las potencias anglosajonas y
que en esta situación él podría aniquilar al poderoso
lobby atlantista soviético. Así comenzó la purga de la
"Guardia de Lenin". Todos los procesos de Stalin que a
primera vista pudieran parecer absurdos estaban en
realidad fundamentados a nivel geopolítico. Todas las
conspiraciones de "derechas" y de "izquierdas" eran
reales, aunque Stalin nunca se atrevió a llamar por su
nombre al lobby atlantista, temiendo una reacción por
sorpresa. Capa a capa Stalin eliminó a los agentes de
influencia de la "Nueva Cartago", pero la reacción
también fue inevitable, cumplida sobre todo en la
eliminación del mariscal Tujachevski.
Eurasiáticos blancos y eurasiáticos
rojosSegún Parvulesco, tras la revolución, los
eurasiáticos se refugiaron en el Ejército Rojo, y en
concreto en su departamento más secreto, el GRU. Esto se
refería a los eurasiáticos rojos. Los eurasiáticos
blancos, en Europa, se unieron en masa a los
nacional-socialistas alemanes, en las secciones
extranjeras de las SS y, sobre todo, en la SD, cuyo jefe
Heydrich, eurasista convencido, fue asesinado en una
conspiración orquestada por el almirante Canaris. Más
allá de la división entre "rojos" y "blancos", existía
otra división entre la orientación atlantista y la
eurasiática. En la Rusia roja los atlantistas se
agrupaban en torno a la Cheka, aunque el primer
atlantista en ocupar el cargo de Secretario General de
la URSS fue Nikita Kruchov. En el seno de los exiliados,
la proporción de atlantistas no era menor que en la
propia URSS. Además de espías ingleses confesos, como
Kerenski y casi todos los socialdemócratas, los
atlantistas también estaban instalados en la propia
extrema derecha, como entre Berdiáev. Casi todos los
emigrados que por una u otra vía acabaron en los EEUU se
situaban en esta orientación geopolítica.
A principios de los años 30 la red de agentes del GRU
en Europa penetraba profundamente en las estructuras
estatales de Francia y Alemania, siendo a la vez
paralela la propia estructura creada por la NKVD y más
tarde por la KGB. En Alemania, el GRU se puso en
contacto con un tal Walter Nicolai, gracias al cual
contactaron a su vez con Martin Bormann y los jerarcas
de las SS y la SD. No es casual que según el MI5
(servicio secreto británico) y la CIA, Bormann se
refugió tras la guerra en la URSS, donde alcanzó altos
grados con nombre supuesto. Del paso de Walter Nicolai
al campo de la URSS, en mayo de 1945, tenemos constancia
oficial. Allí alcanzó altos cargos precisamente dentro
del GRU.
El Pacto Molotov-Ribbentrop y la posterior
revancha de los atlantistasRefiriéndose a
Martin Bormann, amigo de Ribbentrop y de Nicolai, Jean
Parvulesco revela un hecho característico que deja
entrever los secretos de la guerra oculta geopolítica.
Arno Breker, el célebre escultor alemán, que conocía muy
bien a Bormann, relató a Parvulesco la extraña visita
que le hizo el jerarca nazi en Jakelsbruch, el 22 de
junio de 1941, el mismo día del ataque de la Alemania
hitleriana a la URSS. Bormann se presentó sin avisar, en
estado de shock, abandonando su puesto en la Cancillería
del Reich. Repetía una y otra vez esta frase: "Todo ha
terminado… Todo está perdido… La nada ha vencido al ser…
Todo ha terminado…" Cuando Breker le preguntó qué quería
decir, Bormann lo miró fijo sin contestar. Luego, ya en
la puerta de salida, se volvió e hizo un gesto de querer
decir algo, pero cambió de opinión y salió pegando un
portazo.
Era el fracaso estrepitoso de muchos años de
esfuerzos en la red de agentes eurasistas, en tanto que
para los atlantistas era la fecha de una gran victoria
sin precedentes: la guerra entre dos poderosísimas
potencias eurasiáticas suponía el triunfo de las tesis
atlantistas, independientemente del resultado de la
guerra.
Los agentes eurasistas hicieron todo lo posible por
evitar el conflicto. Los preliminares de la firma del
pacto Molotov-Ribbentrop, ambos eurasistas convencidos,
se llevaron a cabo activamente por ambos bandos durante
varios años, desde que en 1934 Stalin dio la orden a
Berzin de cesar toda actividad contra Alemania, orden
que Berzin no pudo negarse a cumplir.
En un informe secreto presentado en 1937, Himmler y
Heydrich convencieron al Comité Central del NSDAP que la
Komitern se había comprometido a castigar duramente las
actividades subversivas en Alemania. Hasta el último
momento, los eurasistas del Ejército Rojo: Veroshilov,
Timoshenko, Zukhov. Golikov, etc., se negaron a aceptar
la posibilidad de la guerra, pues conocían la influencia
del lobby eurasista (y por lo tanto rusófilo) en el III
Reich. La propaganda NS antieslava les parecía tan burda
como las declaraciones internacionalistas de la
Komitern. El General Golikov, de quien Stalin conocía su
origen noble, cuando tuvo la noticia de la invasión, se
levantó gritando: "¡Es una provocación inglesa,
investigadlo!" Todavía no sabía lo que había provocado
un shock en Bormann, que "la nada ha vencido al ser.
Después de la victoriaEl ataque de
Hitler contra la URSS supuso una gran catástrofe
eurasiática. Tras la guerra fratricida de dos pueblos
emparentados, cercanos geopolítica, espiritual y
metafísicamente, de dos regímenes orientados
antiatlánticamente, la victoria de la URSS equivalía en
realidad a la derrota estratégica, ya que toda la
experiencia histórica demuestra que Alemania nunca se ha
conformado con la derrota, lo cual significa que el
vencedor con el mismo hecho de su victoria ata el nudo
del nuevo conflicto venidero, sembrando las raíces de
una nueva guerra. Además, Yalta obligó a Stalin a
solidarizarse con los aliados, con las potencias más
encarnizadamente enemigas de Eurasia. Stalin, que había
estudiado muy bien las leyes de la geopolítica, y que ya
se decidió por Eurasia, concibió su nuevo proyecto
geopolítico: el Pacto de Varsovia, surgiendo
inmediatamente los choques con los atlantistas. Stalin
ocultó sus intenciones hasta 1948, dando incluso su
consentimiento a la fundación del Estado de Israel, una
acción fundamental en la estrategia inglesa y americana
para mantener su influencia en Oriente Próximo. Pero una
vez que aprovechó el reforzamiento del ejército con los
generales Vasilievski y Stiomenko, Stalin regresó a la
ortodoxia geopolítica eurasista, emprendió las más duras
purgas antiatlantistas dentro de la URSS y maldijo a
Israel como un ente creado por "espías anglosajones".
Extrañamente, la muerte de Stalin coincidió con el
momento más tenso de sus planes eurasistas, la alianza
entre la URSS y China, lo cual pudo haber cambiado de
raíz toda la lógica de la división planetaria, la
revancha de Eurasia. La versión del asesinato de Stalin
a manos de Beria, jefe de la KGB y enemigo jurado del
GRU y de los eurasistas, puede parecer verídica a esta
luz.
En 1953, 8 años después de la pseudovictoria, sólo
quedaba un paso para la verdadera victoria. Pero el
mundo contempló entonces la caída del Titán.
La misión "polar" del general
StiomenkoSegún Jean Parvulesco, a partir de la
segunda mitad de los años 40, el general Serguei
Matveevich Stiomenko (1907-1976) se convirtió en la
figura clave del lobby eurasista dentro de la URSS. Sus
altos protectores fueron el mariscal Zhukov y el general
Poskrebishev (el más "germanófilo" de los cercanos a
Stalin). En los años 60, el general Stiomenko fue
nombrado comandante en jefe de las tropas del Pacto de
Varsovia, a la vez que jefe del Estado Mayor del
Ejército Rojo de la URSS, y a la vez a su vez que jefe
supremo inmediato del GRU. Estando Stiomenko al mando
del GRU, se reconstruyeron todas las estructuras
eurasistas desestabilizadas por Berzin.
Pierre de Villemaestre define a Stiomenko como el
primer geopolítico destacado de la URSS: "…Pertenecía a
esa especial casta de oficiales soviéticos que aunque
eran soviéticos eran rusos. Para esta casta la URSS era
un imperio con voluntad de extenderse al continente
eurasiático, desde Brest hasta Vladivostok". Los planes
estratégicos de Stiomenko comprendían la penetración
pacífica económico-cultural en Afganistán, la entrada de
las tropas soviéticas en las capitales árabes (Beirut,
Damasco, El Cairo y Argel). Ya en 1948 Stiomenko
insistía en el fundamental papel geopolítico del
Afganistán, que permitiría a la URSS acceder a los mares
cálidos del Océano Índico. Stiomenko creó alrededor de
Stalin un poderosísimo grupo de presión eurasista, que a
pesar de todos los intentos de Beria no fue destruida ni
siquiera tras la muerte de Stalin, aunque sin duda desde
1953 hasta 1965 los eurasistas tuvieron que mantenerse a
la defensiva. Como un mal menor, desde 1953 hasta 1986
el GRU también tuvo que soportar la presencia del agente
atlantista de la Lubianka general Piotr Ivashutin, en su
papel de jefe del GRU. Se trataba de un compromiso
obligatorio.
El general Stiomenko, miembro de la logia de "Los
Polares" es la figura clave para comprender la lógica
secreta de la historia soviética desde Kruchov hasta la
Perestroika.
Nikita Kruchov, agente de la
AtlántidaKruchov fue el primer protegido del
lobby atlantista que llegó a dirigente unipersonal de la
URSS. A pesar de sus diferencias con Beria, Kruchov se
apoyaba precisamente en la KGB, y en un momento dado
eligió la orientación contraria a Lenin y Stalin. Las
actividades de Kruchov iban destinadas a la eliminación
de los eurasistas en las estructuras de poder de la
URSS. La llegada al poder de Kruchov fue también la
llegada al poder de la KGB.
Una vez llegado al poder, Kruchov asestó golpe tras
golpe a todos los niveles del lobby patriótico-ruso y
patriótico-continental. A partir de entonces, toda la
atención estaría centrada en los países anglosajones,
sobre todo en los EEUU. La consigna de "alcanzar y
adelantar a Occidente" significaba precisamente una
orientación hacia las potencias atlánticas y el
reconocimiento de su superioridad socioeconómica. Sus
tesis sobre la pronta llegada al poder del comunismo en
Europa Occidental pretendían despertar de nuevo las
tendencias "mesiánicas" comunistas internacionalistas,
por entonces casi olvidadas. La propia Iglesia Ortodoxa
sufrió una persecución nunca conocida en las eras de
Lenin y Stalin.
Fue un "americanista" y "atlantista en todos los
sentidos: desde el célebre maíz "transatlántico", que
sustituyó todos los cultivos tradicionales hasta la
doctrina militar, basada exclusivamente en los misiles
intercontinentales. Nunca se interesó por el continente
eurasiático, sino por América Latina, Cuba, etc. Entre
el gabinete militar de Kruchov y los eurasistas de
Stiomenko se produjo un conflicto abierto, pues
Stiomenko insistía en que el concepto de "Guerra Nuclear
Intercontinental" no era sino una diversión militar
estratégica que debilitaba las fuerzas continentales
reales, destruía la economía y creaba el peligro
apocalíptico planetario. Tras la destitución de Kruchov,
la revista "Estrella Roja", órgano del ejército,
publicó: "La estrategia que por fin hemos rechazado es
propia de una mente enferma".
A partir de Kruchov se realiza la definitiva
separación de funciones internas: los "comunistas puros"
y los agentes de la Lubianka se solidarizan con la
estrategia de la guerra atómica intercontinental, en
tanto que los agentes eurasistas y el GRU insisten en el
armamento convencional y procuran la revancha a través
de las investigaciones militares del cosmos.
En 1958 Kruchov destituye al tremendamente popular
general eurasista Zhukov. En 1959 pone a la cabeza del
GRU a una de las figuras más indeseables de la historia
soviética, el chekista sanguinario Ivan Serov, conocido
por su apelativo de "Matarife". El general Mironov, otro
atlantista, se convirtió en el responsable de los
servicios administrativos del ejército. Sin embargo, las
actividades de Kruchov se topan una y otra vez con los
órganos ocultos de los eurasistas, que consideraban que
cada día en el poder de Kruchov producía un daño
irreparable en los niveles ideológico, estratégico y
político. Precisamente, en la época de Kruchov, el
predominio de la línea "totalitario-hegeliana" de la
filosofía soviética (que supone la primacía de los
factores supraindividuales "objetivos" sobre los
individuales y "subjetivos"), deja paso al predominio de
la línea "subjetivo-kantiana". De la misma época data la
rápida degeneración de la enseñanza y la aparición de
toda esa pléyade de académicos "kruchovianos" arrogantes
y diletantes sin preparación alguna (como el
superprotegido A. N. Iakovlev, que reconoció haber
criticado a Marcuse sin siquiera haberlo leído),
terminando con toda la tradición científica del
estalinismo, muy exigente y muy cualificada. Comenzó el
cáncer de la "intelligentzia" desarraigada y
cosmopolita, orientada hacia el atlantismo, alimentada
por la KGB. El ideal del Occidente comienza a difundirse
como tema "prohibido" pero "atractivo".
La convergencia de los servicios secretos y la
misión "polar" del GRULa CIA, como instrumento
del atlantismo americano, tipológicamente pertenece a la
misma categoría conspiratoria que la KGB. Detrás de los
orígenes de esta organización se encontraban las más
destacadas figuras de la masonería norteamericana (que,
no lo olvidemos, es "irregular" para la masonería
europea, es decir, herética y sectaria, aunque parece
que en los EEUU no existe nada en los campos de la
religión y la metafísica que no sea herético y
sectario). La CIA, igual que la KGB nunca se mostró
indiferente en los campos más burdos de la magia y la
parapsicología, mostrando ambas una misma esencia
sádico-sanguinaria. La CIA, al principio con la ayuda de
los servicios británicos, infestó toda Europa con una
red de espías nunca antes vista, que influían en todos
los aspectos de la vida política y cotidiana en clave
atlantista. En cierto sentid
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